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Rumbo a las lunas de Marte: la misión japonesa MMX supera su fase crítica

Tras despegar en un cohete H3, la sonda japonesa MMX completa el encendido inicial y navega hacia Marte para traer a la Tierra muestras de Fobos en 2031.

SOL 21 DE ACIDALIO DEL AÑO 39 · 14:25:21 MTC Por J. Marcos Rodríguez 4 min de lectura
Rumbo a las lunas de Marte: la misión japonesa MMX supera su fase crítica
La sonda MMX rumbo a Marte para regresar en 2031. El sueño de cualquier mensajería urgente: cinco años para entregar un paquete de gravilla espacial sin que nadie se queje del retraso.

La carrera logística hacia el entorno marciano ha franqueado un nuevo umbral estratégico. El pasado 19 de octubre de 2026 a las 19:41 UTC —la madrugada del día 20 en horario local japonés—, la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) lanzó con éxito la misión Martian Moons eXploration (MMX) desde el Complejo Yoshinobu en el Centro Espacial de Tanegashima. El vector pesado H3, en su variante H3-24L y bajo la operación conjunta de JAXA y Mitsubishi Heavy Industries, insertó la nave en su trayectoria de inyección interplanetaria tras una separación de etapa confirmada a la hora y once minutos de vuelo. Con el despliegue nominal de sus paneles solares y el establecimiento del enlace de telemetría con la red de espacio profundo, la agencia nipona dio por concluida con éxito la secuencia de operaciones críticas iniciales, inaugurando la fase de crucero heliocéntrico de una arquitectura que aspira a traer a la Tierra el primer regolito de Fobos.

La anatomía técnica de una nave de retorno

La arquitectura de vuelo de MMX, integrada por Mitsubishi Electric sobre una estructura modular de 4.480 kilogramos al despegue y 2.100 kilogramos de masa seca, encarna la maduración operativa de los programas previos Hayabusa y Hayabusa2. Con un presupuesto de desarrollo cifrado en 55.300 millones de yenes, el ingenio se compone de tres módulos principales: propulsión, módulo de aterrizaje e instrumental de exploración científica, y una cápsula de retorno aerotermodinámica destinada a aterrizar en el desierto de Woomera, en Australia, hacia el año 2031. La navegación en el espacio profundo se apoya en sensores estelares ASTRO APS desarrollados por Jena-Optronik, mientras que la integración científica aúna desarrollos clave de la NASA, el CNES francés y el DLR alemán.

El objetivo no se limita a la mera observación remota: la sonda prevé extraer al menos 10 gramos de regolito a una profundidad mínima de dos centímetros bajo la superficie de Fobos. Esta recolección se efectuará en dos ubicaciones independientes combinando un mecanismo de perforación por núcleo y el sistema neumático P-Sampler, coordinado bajo la supervisión de la NASA. Curiosamente, el proyecto superó una demora de dos años —su lanzamiento estaba inicialmente planeado para la ventana de 2024— a causa de los contratiempos de desarrollo y calificación que afectaron al lanzador H3, postergando la recepción de material marciano hasta la próxima década.

Idefix y el reto dinámico de la microgravedad

La interacción con Fobos —un cuerpo irregular con un diámetro medio de apenas 22,5 kilómetros y situado a unos 6.000 kilómetros de la superficie de Marte— impone desafíos geomecánicos extremos. En este entorno de campo gravitatorio residual, la misión desplegará a Idefix, un microrrover de 25 kilogramos codiseñado por Francia y Alemania. Equipado con una carga útil analítica de 2,5 kilogramos y paneles fotovoltaicos capaces de suministrar al menos 60 vatios-hora por jornada de Fobos, este pequeño vehículo será eyectado en caída libre. Aunque los protocolos de ensayo en caída libre manejaron inicialmente una cota fija de 40 metros, las estimaciones operativas contemplan un margen variable de entre 40 y 100 metros de altura para el despliegue.

Idefix operará sobre el terreno durante unos 100 días terrestres, desplazándose a un ritmo milimétrico de un milímetro por segundo para caracterizar la mecánica de los granos superficiales y predecir el comportamiento del terreno ante el descenso posterior de la nave nodriza. Persiste cierta incertidumbre técnica en torno a la dinámica de eyección del polvo superficial y la potencial deposición electrostática sobre los paneles de Idefix y las ópticas de la nave madre. La caracterización in situ que obtenga este rover allanará el camino para que el aterrizador principal pose sus patas de soporte sobre el sustrato.

El enigma del origen y el tablero geopolítico

El horizonte operativo de la misión contempla su inserción orbital en Marte en agosto de 2027, momento a partir del cual entrará en una órbita de cuasi-satélite respecto a Fobos. La maniobra de muestreo físico genera divergencias de calendario en la documentación técnica: mientras los cronogramas de la NASA sitúan las primeras maniobras de descenso a partir de diciembre de 2028, los programas de JAXA y las agencias europeas sitúan la recogida formal a lo largo de 2029. Tras estudiar de cerca Fobos y ejecutar sobrevuelos en Deimos, la nave emprenderá el retorno a la Tierra. Entre tanto, el espectrómetro MEGANE del Laboratorio Johns Hopkins y el instrumento infrarrojo MIRS aportarán mapas elementales de hierro, oxígeno y compuestos volátiles.

Esta analítica directa resolverá el dilatado dilema geológico sobre si las lunas de Marte representan asteroides carbonáceos capturados en los albores del sistema solar o si, por el contrario, son escombros aglutinados de un impacto colosal contra el planeta rojo. Al mismo tiempo, este hito redefine las reglas del tablero estratégico internacional. Con las muestras programadas para aterrizar en suelo terrestre en 2031, Japón y sus socios occidentales compiten de forma directa con la misión china Tianwen-3, en un momento en que el programa conjunto Mars Sample Return de la NASA y la ESA se encuentra inmerso en una profunda revisión técnica y financiera.

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