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El programa Artemis cambia de rumbo: la misión Artemis III se queda en órbita terrestre para reescribir el futuro lunar

La NASA reestructura la misión Artemis III hacia la órbita baja terrestre para ensayar acoplamientos comerciales complejos.

SOL 35 DE SCHIAPO DEL AÑO 38
POR J. Marcos Rodríguez
El programa Artemis cambia de rumbo: la misión Artemis III se queda en órbita terrestre para reescribir el futuro lunar

El imponente cohete SLS del programa Artemisa en su rampa. Una obra maestra de la ingeniería espacial, financiada casi a partes iguales por la NASA y por los fabricantes de pintura naranja.

El regreso de la misión Artemis II el pasado 11 de abril de 2026 marcó un hito al consolidar las capacidades del cohete Sistema de Lanzamiento Espacial —el colosal SLS— y de la cápsula Orion tras su viaje circumlunar. Sin embargo, la exploración del cosmos es un maestro implacable que no admite descuidos. Las inspecciones posteriores revelaron que el escudo térmico de la nave sufrió una erosión superior a la prevista al enfrentarse a la fricción atmosférica a casi 40,000 km/h. Ante este panorama, el nuevo administrador de la agencia, Jared Isaacman, tomó las riendas con una visión estrictamente pragmática. La misión Artemis III, planteada originalmente como el glorioso regreso humano a la superficie de la Luna, ha experimentado un reajuste estratégico profundo y ya no viajará a nuestro satélite. La NASA anunciará oficialmente a sus cuatro tripulantes el próximo martes 9 de junio de 2026 desde Houston, desvelando un cambio de planes que prioriza la seguridad sobre el espectáculo.

Una analogía del pasado en la órbita terrestre

Bajo esta nueva arquitectura, la misión se mantendrá a unos 463 km de altitud en una órbita baja terrestre. Curiosamente, la maniobra evoca de forma directa la estrategia de la mítica misión Apollo 9 en 1969, la cual prefirió ensayar el módulo lunar cerca de casa antes de dar el gran salto con la Apollo 11. Para entenderlo de forma sencilla, es el equivalente a probar una compleja tienda de campaña de alta montaña en el jardín de tu propia casa antes de lanzarte a coronar el Everest: si algo falla con las cremalleras o la estructura, es mucho mejor descubrirlo donde los rescatistas están a solo unos minutos de distancia y no a miles de kilómetros en el vacío. En este entorno seguro de microgravedad, la tripulación validará los trajes de superficie AxEMU de Axiom y se acoplará con los sistemas comerciales de aterrizaje tripulado de SpaceX y Blue Origin. Esta simplificación operativa permite prescindir de la etapa propulsiva superior en el SLS, reservando el valioso inventario técnico para los verdaderos descensos profundos.

Geología y diplomacia en las misiones de descenso

Este cambio de paradigma se alinea con el programa Ignition, una iniciativa de la administración de Donald Trump que ha pausado el desarrollo de la estación orbital Lunar Gateway para concentrar unos 20,000 millones de dólares directamente en una base permanente en el Polo Sur lunar. Al retrasarse el alunizaje, las misiones Artemis IV y Artemis V —previstas para inicios y finales de 2028, respectivamente— se convierten en las verdaderas puntas de lanza sobre el terreno. Los perfiles de los astronautas cambiarán radicalmente, pasando de los pilotos de pruebas necesarios en la fase orbital a científicos de campo. Aquí destacan figuras como la doctora Lauren Edgar, una geóloga planetaria con amplia experiencia en misiones marcianas y en el equipo científico original del programa, cuyo ojo entrenado será vital para identificar hielo de agua en los cráteres. Estará acompañada por veteranas como la doctora Jessica Watkins, emulando el legado científico de las misiones Apollo.

El encaje de bolillos internacional

La cancelación temporal de la Gateway ha obligado a reestructurar los complejos trueques de tecnología y asientos espaciales con los socios internacionales. Dado que Artemis III se ha convertido en un vuelo de pruebas netamente operativo, la NASA mantendrá una tripulación exclusivamente estadounidense para no malgastar valiosas cuotas de vuelo en órbita baja. La verdadera diplomacia espacial se desplegará en la superficie de la Luna. La Agencia Espacial Europea tiene garantizados asientos gracias al suministro del módulo de servicio de Orion, proyectando que un astronauta alemán vuele en órbita en Artemis IV y que la primera huella europea la deje un tripulante en Artemis V. Por su parte, la agencia japonesa JAXA ha asegurado una posición envidiable al desarrollar el Lunar Cruiser, un rover presurizado que funcionará como una sofisticada autocaravana espacial donde los astronautas podrán explorar el Polo Sur sin trajes durante un mes. El precio del progreso es lento y burocrático, pero la construcción de este vecindario lunar ya ha comenzado.