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Catástrofe en Cabo Cañaveral: la explosión del cohete New Glenn de Blue Origin paraliza la carrera lunar y el despliegue de Amazon Leo

Un fallo catastrófico destruye el vector New Glenn de Blue Origin en la rampa LC-36, impactando los planes lunares de la NASA y Amazon.

SOL 29 DE SCHIAPO DEL AÑO 38
POR J. Marcos Rodríguez
Catástrofe en Cabo Cañaveral: la explosión del cohete New Glenn de Blue Origin paraliza la carrera lunar y el despliegue de Amazon Leo

Tras años de retrasos acumulados en los hangares, el cohete de Jeff Bezos por fin ha encontrado una forma rápida e inapelable de acaparar todos los titulares del sector espacial.

El panorama de la exploración espacial comercial en los Estados Unidos ha sufrido un vuelco histórico. En lo que ya se considera el accidente más destructivo de la industria aeroespacial privada, la rampa Launch Complex 36 (LC-36) en la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral se convirtió en el escenario de una detonación masiva. El protagonista del desastre ha sido el imponente vector pesado New Glenn de Blue Origin, concretamente el vehículo de la cuarta misión (NG-4), que experimentó un fallo catastrófico durante una prueba de encendido estático en la noche del pasado 28 de mayo de 2026. La pérdida total del cohete —una mole de 98 metros de altura y 7 metros de diámetro— no solo deja una profunda cicatriz en la costa de Florida, sino que congela de forma inmediata las aspiraciones geopolíticas y comerciales que dependían de su potencia.

La física de una detonación sin precedentes

La prueba de encendido estático es una rutina obligatoria pero de alto riesgo: los motores se encienden a máxima potencia durante unos segundos mientras el vehículo permanece firmemente anclado a la plataforma de lanzamiento. En el momento del siniestro, la primera etapa del New Glenn se encontraba completamente cargada con aproximadamente 1,102,230 kilogramos de una combinación altamente energética de oxígeno líquido y metano líquido. Al desatarse la combustión descontrolada, la liberación termodinámica de energía resultó colosal. Curiosamente, el destello de la bola de fuego fue visible para pilotos comerciales en pleno vuelo sobre Orlando, a 80 kilómetros de distancia, e incluso por observadores terrestres en la costa opuesta de Florida, en la ciudad de Tampa, situada a unos 193 kilómetros del epicentro.

Para comprender la magnitud del evento, los analistas comparan esta explosión no militar en rampa con el histórico desastre del cohete lunar soviético N1 en Baikonur en 1969. La onda de choque generada sacudió los cimientos de viviendas en Titusville y Cocoa Beach. Para ponerlo en una analogía cotidiana, la cantidad de energía liberada instantáneamente equivale al estallido simultáneo de miles de toneladas de dinamita, transformando una infraestructura de alta tecnología en un auténtico infierno de metal retorcido en una fraction de segundo.

Hipótesis de ingeniería tras la anomalía

Aunque la telemetría y los registros de cámaras de alta velocidad están bajo estricto análisis por parte de Blue Origin y las autoridades federales, la comunidad de ingenieros aeroespaciales baraja dos sospechosos principales. La primera hipótesis apunta a la ruptura catastrófica de un tanque de helio a alta presión situado en el interior del tanque de oxígeno líquido de la etapa superior. Este escenario es idéntico al que destruyó un Falcon 9 de SpaceX en 2016. Imaginemos un globo hiperinflado que estalla dentro de una piscina de líquido reactivo: la onda de presión rompe las estructuras internas y mezcla el combustible con el oxidante de forma inmediata.

La segunda posibilidad se centra en una anomalía crítica en la turbobomba de uno de los siete motores BE-4 de la primera etapa. Estos motores funcionan mediante un sofisticado ciclo cerrado rico en oxígeno. Las imágenes preliminares muestran una llamarada inusual en la base del cohete justo al comenzar la ignición. El fallo de un componente giratorio a altas revoluciones dentro de la turbobomba —que actúa como el turbocompresor de un coche de carreras llevado al extremo absoluto de la física— pudo proyectar metralla metálica a velocidades supersónicas, perforando los tanques de metano adyacentes y provocando el colapso estructural inmediato del booster.

Un catastro de daños estructurales críticos

Los daños en el complejo LC-36 son masivos y requerirán un esfuerzo de reconstrucción a largo plazo, desmitificando una vez más el optimismo desmedido de quienes ven los viajes espaciales como algo sencillo o exento de burocracia. El enorme brazo mecánico conocido como Transporter-Erector, encargado de izar el cohete, quedó completamente calcinado y deformado por el calor extremo. Asimismo, una de las dos colosales torres pararrayos de 183 metros de altura se desplomó debido a la onda expansiva y a la debilidad térmica de sus cimientos. Incluso el Edificio de Integración Horizontal sufrió daños estructurales, afectando colateralmente al histórico booster SN002, bautizado como Never Tell Me the Odds, que se encontraba resguardado en su interior.

Dado que la rampa LC-36 es la única plataforma orbital activa de Blue Origin y que los trámites para una segunda instalación están en fase regulatoria temprana, la compañía se enfrenta a un cuello de botella logístico insalvable. Reconstruir los sistemas de suministro, las líneas de helio y certificar las nuevas estructuras tomará, como mínimo, entre 12 y 18 meses, lo que dejará a la empresa de Jeff Bezos completamente en tierra durante el resto de 2026 y gran parte de 2027.

Artemis y Amazon Leo contra las cuerdas

El impacto de este siniestro se extiende directamente a los planes de la NASA, liderada por su administrador Jared Isaacman. La ambiciosa misión Moon Base I, programada para este otoño con el lanzamiento del módulo de alunizaje Blue Moon Mark 1, ha sido pospuesta de forma indefinida. Del mismo modo, el rover robótico VIPER sufrirá retrasos masivos al perder su vector de lanzamiento, y el desarrollo de la variante superpesada New Glenn 9x4, vital para los alunizajes tripulados de Artemis IV y V a finales de la década, se verá severamente ralentizado.

Por otro lado, la red de internet satelital de Amazon, comercialmente denominada Amazon Leo, se enfrenta a una crisis de cumplimiento regulatorio sin precedentes. Por mandato de la FCC, la compañía debe tener operativos 1,618 satélites antes del 30 de julio de 2026 bajo pena de perder sus derechos de espectro. Con apenas unos 302 satélites en órbita a finales de mayo de 2026, la meta es matemáticamente inalcanzable sin el New Glenn. La solicitud de prórroga de Amazon se enfrenta a la férrea oposición de su rival SpaceX. Sin cohetes propios operacionales, Amazon no tendrá más remedio que exprimir el limitado inventario del Atlas V, recurrir al Ariane 6 o pagar tarifas multimillonarias a su competidor directo para lanzar sus cargamentos en los cohetes Falcon 9, consolidando de manera involuntaria un monopolio absoluto de SpaceX en el sector de lanzamientos pesados de alta frecuencia en Occidente.